Manuel Puig / Teatro Reunido

04Feb10

La obra de Manuel Puig no se acaba nunca: a sus novelas, guiones y compilaciones de cartas, ahora se suma la edición de sus obras teatrales, cubiertas hace años por un manto de indiferencia, relegadas en su lectura y en su representación escénica. A excepción de El beso de la mujer araña, que tuvo su adaptación al cine y varias puestas locales e internacionales, el resto de la producción dramática de Puig, que comienza con su exilio en 1974, aún no fue puesta en relación con la de otros dramaturgos nacionales de su tiempo. Este volumen incluye cinco obras que exponen una faceta del autor cercana a la arquitectura de sus novelas (fascinación por el universo del cine, personajes que exhiben toda su subjetividad en los diálogos) al mismo tiempo que permiten rastrear los vínculos que establece con una suerte de poética de lo fantástico, en rechazo al realismo tradicional o social de su época. Y si bien todas sus novelas tienen una impronta que podría llamarse teatral por la forma artesanal en la que el autor trabaja con las voces de los otros, es el espacio escénico el que parece darle la posibilidad de experimentar más a fondo con los climas y los ambientes de la representación. Si en sus novelas Puig pulverizaba la figura del narrador como eje jerárquico de la organización del texto para dar lugar a voces que se diseminaban, en su producción teatral los personajes dirimen su potencia en el espacio escénico y lo que se pone en juego son sus identidades. Así, en Bajo un manto de estrellas, éstos asumen por momentos el rol de otros, se desdoblan pero al interior de sí, y queda claro que no es que los actores interpreten más de un rol, sino que lo hacen los mismos personajes. Procedimientos similares tienen lugar en El misterio del ramo de rosas –la obra más cercana en cuanto a temática a su novela Maldición eterna a quien lea estas páginas, por abordar también la relación de una enferma y su cuidadora en una habitación de hospital– cuando, con pequeños cambios en la ambientación, Puig consigue trasladar a los personajes a una situación crítica de su pasado: los saltos temporales remarcan la intensidad del presente de la representación estableciendo un corte para que otro tiempo aparezca y modifique las actitudes que los sujetos asumen en la obra. En Triste golondrina macho se puede percibir más claramente la inclusión del fantástico, el corte abrupto con cualquier tipo de realismo: el autor ambienta esta “comedia de muertos” en una vieja cabaña en las márgenes de un pantano, y aclara que la atmósfera debe ser como la de un cuento de hadas, fascinante y siniestro a la vez. En esta obra extraña situada en un tiempo mítico impreciso que remite al siglo XIX, Puig recrea la vida cotidiana de tres hermanas que luchan contra el desorden de sus emociones y pone en suspenso el estatuto irreal de las alucinaciones con las apariciones permanentes de las almas de los muertos. La última de las obras, Un espía en mi corazón, es una historia que despliega toda su artificiosidad en la parodia y el homenaje a distintos géneros populares del espectáculo argentino: en el interior de ella tienen lugar el melodrama, el sainete y la revista por medio de permanentes guiños a los espectadores y un uso marcado de la oralidad costumbrista y porteña.

Malena Rey

Entropía. 238 páginas. Prólogo de Jorge Dubatti.

PUBLICADO EN SEPTIEMBRE DE 2009



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