Mathias Enard / Zona

17Feb10

De un Zona a a otro. El de Apollinaire, poema liminar de la antología Alcools, editada en 1913, fue el primer texto de la literatura francesa publicado sin signos de puntuación. Casi un siglo más tarde, Zona, de Mathias Enard, tercera novela de este francés de treinta y seis años especialista en árabe y persa, constituye una respuesta ambiciosa y poderosa a su más que famoso predecesor: con una larga frase de más de quinientas páginas sin puntos, esta novela impresionante traza una especie de balance del siglo XX que comenzó realmente un año después de la publicación de Alcools con el estallido de las hostilidades de 1914.

Entre ambos, dos guerras mundiales, una infinidad de conflictos “anexos”, millones de muertos, una concatenación de violencia estremecedora, sin respiro ni puntos entre cada episodio, con ecos y juegos de espejos terroríficos entre las masacres y las épocas. Es en todo esto en lo que piensa Francis Servain Mirkovic en el tren que lo lleva de Milán a Roma, al Vaticano, donde canjeando una valija llena de secretos por otra llena de dinero, podrá poner fin a su carrera de espía, cambiar de vida y de nombre. Una vez que el tren parte, su monólogo interior ya no se detendrá y el todo se construirá como un increíble choque en cadena.

Francis Servain Mirkovic (al que pronto llamaremos Yvan Deroy por el nombre de un loco encerrado que conoció cuando era adolescente) es un “monstruo”, como le dijo su compañero después de haber descubierto la variedad de horrores que cometió, especialmente como voluntario comprometido en el ejército croata. Un “monstruo” en el sentido etimológico, un ser que está presente para “mostrar”, para revelarle algo al género humano, algo que es supuestamente su antítesis, o incluso su enemigo.

Pero lo que va a “mostrar” a lo largo de su monólogo interior de más de quinientas páginas entre Milán y Roma es que él, que fue asesino, violador y ladrón; él, que no obedeció a otra ley sino a la del mejor postor; él, a quien nada horroriza ya, luego de quince años yendo y viniendo a la “zona” que le fue asignada, el perímetro mediterráneo de las fosas comunes de Argelia a las de Bagdad, encarna a la humanidad entera y su necesidad de violencia, su sed nunca apagada de venganza. Es la historia de las víctimas y de los verdugos, de los vencedores y de los vencidos de este siglo XX –cada uno pudo conocer alternativamente las dos posiciones–, la que se despliega.

En el fondo, esta Zona, este formidable “fresco mediterráneo” definido así por Enard, que nos lleva de Zagreb a Beirut pasando por Trieste y Barcelona, es, además de una novela muy fuerte y llena de aliento sobre el siglo pasado y sus guerras, un gran texto sobre el palimpsesto. Su única frase sinuosa y –a fin de cuentas– cautivante habla de cómo cada masacre nace de una atrocidad enemiga, de qué manera se agobian para llegar al número más bajo de asesinados y del honor recobrado, de cómo los muertos se agregan a los muertos, de cómo los nombres de los verdugos se suman a los del misterioso maletín de Francis. Suntuoso homenaje a Apollinaire y a Homero, pero también a Ezra Pound, Jean Genet, Malcolm Lowry o James Joyce (por supuesto), Zona nunca parece ridícula al lado de estos grandes nombres. Mathias Enard es él solo una razón para creer que a falta de otro mundo y de otras leyes de geopolítica, una nueva novela francesa, atrevida, ambiciosa y brillante es posible.

Raphaëlle Leyris

Norma392 páginas. Traducción de Robert Juan-Cantavella.

PUBLICADO EN AGOSTO DE 2009



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