Lorrie Moore / Al pie de la escalera

08Mar10

En una época en la que los Estados Unidos decidió reforzar el énfasis de su poder con una política exterior aún más agresiva, Lorrie Moore, con Al pie de la escalera, parece decirnos que es necesario recorrer el camino inverso de la sombra proyectada tras el 11 de septiembre. Cuáles son las formas imperceptibles con las que el gobierno maneja a la población dentro de sus fronteras parecería ser el trasfondo de esta narración, que en su faz más luminosa es ante todo un relato de iniciación femenina. Con la protagonista y narradora Tassie Keltjin, Moore nos lleva de la mano de una voz en primera persona hacia el interior de un personaje que a sus veinte años divaga por una universidad del medio oeste. Moore: “En realidad, la Tessie que narra es mayor que la Tessie protagonista. Está mirando retrospectivamente hacia la época en la que tenía veinte años. Los veinteañeros suelen ser muy apasionados. Al estar en el comienzo de la adultez, recién están aprendiendo a juzgar las cosas”.

Mientras leemos cómo la muchacha se pierde en el paisaje, reflexiona a la vez sobre todo tipo de tópicos, trabaja de niñera o sobrevive a las reuniones familiares de rigor; una chica sensible, sin pretensiones, más bien tímida, más propensa a la compasión que al juicio despiadado, va ganando la narración morosamente y sin que nos demos cuenta. Pero está lejos de ser una novela de campus o una historia en la que los estudiantes atraviesan toda la nación persiguiendo becas en ambientes ampulosos. De hecho, Tassie no debe viajar más que unas pocas horas para pasar las fiestas de Navidad con su familia en el ámbito rural, precisamente una granja de papas. La misma granja que sirve de proveedora de algunos productos que se consumen en el fino restaurante para cuya dueña trabaja como niñera, mientras juntas recorren el laberinto del sistema de adopción y hogares sustitutos. “El de la adopción es un mundo muy interesante y potencialmente está lleno de elementos dramáticos. Ha sido bastante usado en la literatura desde Jane Austen y Charles Dickens a James Fenimore Cooper. Y en cada oportunidad, cada escritor encontró cosas distintas para decir sobre el tema. Desde el comienzo del proyecto de Al pie de la escalera, siempre quise que la adopción fuera una parte central de la historia. Tal vez porque sé algo sobre el tema, por motivos personales, pensé que podía ser un terreno fértil para mis historias.”

El complejo sistema político de control estadounidense al que Moore se avoca es a la vez un detalle minucioso del trato que le da este país a los niños y a los jóvenes, así como un análisis lingüístico detallado del sistema de adopción y de las sutilezas de las castas sociales por los que estos niños y jóvenes se ven atravesados. “Traté de montar algo parecido al coro de los textos clásicos griegos. Creí que iba a ser más eficaz montarlo como un diálogo que alguien escucha a hurtadillas, porque tampoco creo que sea tan importante saber quién es el que pronuncia cada frase. Y de ese modo, Tassie, que estaba cuidando a los chicos en el piso de arriba, podía ver el efecto que causaban en ellos las palabras que pronunciaban sus padres en la planta baja.

Todo el que ha leído a Lorrie Moore sabe que tarde o temprano se topará con niños y adolescentes. La descripción del universo Moore nunca es completa si los adultos no se confrontan con la mordacidad de las experiencias juveniles. El caso de la dupla de Tassie y su empleadora es más que eficaz narrativamente: dulce ironía versus amargo sarcasmo. “Los líos y complicaciones de la gente joven suelen ser más interesantes que los tediosos atolladeros de los adultos. A veces. Depende. Pero sí creo que un adulto que ha sobrevivido a algunos malos años de juventud generalmente tiene al menos un puñado de buenas historias para contar.” Recordemos a la nenita que escupe en el cuento Dos Chicos como si se tratara de un mensaje moral desde el espacio exterior y sabremos por qué este grupo parece ser el hallazgo de Moore a la hora de narrar un mundo detallista, tan cargado de riquezas y juegos verbales, tan audaz a la hora de unir íconos distantes de la cultura popular, que nos hace sentir codiciosos frente a sus palabras. Estragos de la perfección, que le dicen. Una particularidad muy ingeniosa radica tal vez en la construcción de la contracara oscura y burlona de Tassie, Murph, una amiga que la narradora nos presenta astutamente como a una compañera de departamento siempre ausente con la que Tassie compara impresiones en lo profundo de su imaginación. O dicho de otro modo, casi como si Moore apenas pudiera disimular su propio apellido detrás del nombre de Murph. “Y las dos son músicas, también, y esto es algo importante en su relación”, agrega Moore.

En una presentación de la novela en YouTube se la ve a Moore responder unas preguntas, y al escucharla decir irónicamente que toda su narrativa puede ser reducida a la sentencia “los muchachos siempre serán muchachos”, uno quisiera preguntarle si toda su obra no se debate en tratar de definir una postura clara, en una época en la que se busca que no sea muy clara la línea divisoria entre el arte y la publicidad del arte, en una época que intenta que no se pueda diferenciar cuál es la línea ética divisoria entre la ironía y el cinismo. Con humor, nunca con solemnidad, Lorrie Moore ha construido una novela que es capaz de referirse a los hombres y a las mujeres de alguna manera primitiva, abrupta, sofisticada e hipersensible. Una crónica que seduce por más que el macho de la especie pueda sentirse muchas veces tratado como se trata a un objeto que la aburre porque le parece un poco o demasiado torpe. “Bueno, creo que hay varias excepciones. Dos de mis personajes favoritos de la novela son hombres: el padre y el hermano de Tessie.”

Germán Scalona

(Palabras recogidas por Matías Capelli)

(Seix Barral) 384 páginas. Traducción de Francisco Domínguez Montero.



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