Copi / La ciudad de las ratas

13Mar10

La ciudad de las ratas es el único libro de ficción de Copi escrito originalmente en francés que aún no había sido traducido al castellano. La velocidad, el cruce de géneros, la metamorfosis y los pasajes entre sexos y especies, la preferencia por personajes marginales, la insistencia en la corporalidad en todas sus formas, la extranjería como lugar de enunciación, ya son lugares comunes para hablar de Copi. Así que el crítico de corto aliento se encuentra con un problema ante un libro de Copi: ¿qué decir después de lo que dijo Aira? Pareciera que sólo se puede prorrumpir en interjecciones admirativas o recomendarlo efusivamente a los amigos. ¿Pero qué? ¿Qué es exactamente esta novela, o la obra de Copi, y para qué le sirve su recomendación a un argentino del siglo XXI que padece o disfruta la dieta editorial de estos días? Esquemáticamente, la novela traza un círculo: una rata narradora pasa del mundo a la aventura y de ésta nuevamente al mundo. Si todo sistema verdadero, platónicamente hablando, debe ser circular, entonces Copi es el más veraz de todos los narradores desaforados argentinos, mucho más que Osvaldo Lamborghini, Aira, Laiseca o Colautti. No obsta a esto que se narre la adopción por una aristocracia de roedores de una beba mulata y su posterior entrega a un linyera asesino y retardado, la muerte de Dios y el reino del Diablo de las Ratas, el desprendimiento de una isla y su deriva por el mar abierto, llena de ratas, locas y penados y acosada por las armadas rusa y estadounidense, la llegada a un continente incógnito donde en medio de una naturaleza feraz se alza, arcaica y amenazante, una laberíntica construcción que fue, precisamente, la ciudad de las ratas… Su descripción del mundo no difiere de la de tantos narradores realistas de primera o segunda categoría: el mundo se trata de un lodazal dominado por animales superiores empecinados en hacerse daño entre sí, a otros animales y al planeta entero, hasta tal punto que su Dios es un clochard decrépito y arrepentido del pecado de la creación. Pero, a despecho de que el principio de realidad lo obligue a la circularidad carcelaria, Copi opone al mundo del realismo su contrario: la aventura. La aventura es un espacio autónomo pero comunicado por infinidad de vías al mundo, donde los elementos de éste flotan liberados de sus pobres reglas combinatorias y prueban, agotan, se divierten en otras combinaciones cuyo resultado es el resplandor del Nuevo Mundo. Para acceder a la aventura, sólo hacen falta dos cosas: sentido del humor y valentía. Ambos les sobran a esos sujetos privilegiados, como consumidores y protagonistas, de cualquier novela de aventuras: los niños. Pero no los niños a los que se dirigen los frígidos productos de la industria cultural, sino niños como los que se encuentran aquí y allá, de diversas edades, cuya inocencia no ha sido destruida sino templada por el escepticismo y la sabiduría del mundo. Copi fue uno de estos infantes y por eso se interesó en la literatura: sólo la literatura, en efecto, necesita todavía la absorción fascinada y el sistema nervioso hambriento de los niños. Lector joven, adulto o viejo: hay que detenerse a reflexionar y preguntarse qué le debemos, estrictamente como lectores, a un mundo (y su literatura) que parece planificado para aniquilar hasta al último de estos niños.

Alejandro Rubio

El cuenco de plata. 142 páginas. Traducción de Guadalupe Marando, María Silva y Eduardo Muslip.



One Response to “Copi / La ciudad de las ratas”

  1. 1 Mar Coro

    Si tuviera que elegir un libro ára este momento, sería este. Qué buen comentario, me dejó conla intriga de los niños a los que todavía no se les dextruyó la inocencia.


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