Oscar del Barco / Alternativas de lo posthumano

11May10

El filósofo cordobés Oscar del Barco motorizó hace cinco años una polémica sobre la violencia revolucionaria en los setenta. Su lema era simple: “no matarás”. La lectura de Alternativas de lo posthumano, volumen que antologa los últimos treinta años de su producción ensayística, permite conocer más profundamente el pensamiento de este autor, que en materia política también se reduce a una consigna simple: “no harás nada”. El libro, prolijamente editado por Pablo Gallardo y Gabriel Livov, está dividido en dos partes: la primera afirma que no existe ningún camino radical ni moderado para una política colectiva emancipatoria, y la segunda pesquisa los momentos místicos de Nietzsche, Wittgenstein y Artaud para contrastarlos con textos sobre las visiones que provoca el peyote. Ahora bien, ¿cuál es el argumento filosófico que enlaza las dos secciones? Del Barco es terminante: por un lado está el Sistema con mayúsculas, que es textualmente “algo enorme, fuera de toda medida, increíble”, y por otro lado, “cierta dimensión inconmensurable del hombre, algo imposible de definir y decir”. Pese a su oscuridad inicial, esta renuncia a comunicarse con el lector se disipa pronto: el Sistema es la Técnica (“video, tele, computadora”) y el Anti-Sistema es la experiencia mística, o sea, las experiencias con alucinógenos. Sería fácil deshacerse de estas ideas situándolas en el pesimismo finisecular del siglo pasado, cuando todavía no se podían vislumbrar ni las potencialidades contrainformativas de Internet ni el socialismo de Evo Morales. Alternativas de lo posthumano documenta el desguace ideológico de un pensador que se tomó en serio la crítica heideggeriana de la modernidad y que propone consecuentemente el camino liberador del LSD, el mutismo zen y la inacción contemplativa, todos lujos a los que la clase explotada, dicho sea de paso, no puede acceder.

Damián Selci

Caja negra288 páginas.



13 Responses to “Oscar del Barco / Alternativas de lo posthumano”

  1. 1 Gabriel Livov

    Hola! Quería ofrecer mi impresión de lectura de esta reseña que publica Inrockuptibles. Me presento, soy Livov (yo fui uno de los que “prolijamente” compilé): quiero dejar mi impresión situado desde adentro del rico proceso de investigación y lectura en torno a ODB que compartimos con otros compañeros-amigos de hace mucho, con amigos cordobeses y con el propio Oscar (proceso respecto del cual el libro está en deuda en más de un sentido). La lectura de la reseña me afectó como una violenta irrupción de reduccionismo-extremo; reducción que el formato columna exige, por supuesto, pero antes que eso hay una reduccion primera, efecto de una maquinita de reduccion a priori, funcionalizada a un modelo de lectura que el reseñador saca de su mochila de forma torpe e irrespetuosa. El libro de Del Barco es mera ocasión para un despliegue narcisista de una posición hermeneutica que me arriesgaría a llamar “straight-edge cybertrosca”, improvisada a partir de evo morales, la potencia emancipadora de la web y una apelación genérica a “la clase explotada”, que es la que parece vivificar la virulencia partisana del lenguaje reseñista. Aclaro que no me molesta el lenguaje de barricada, todo lo contrario, me encanta, sólo que me parece que esta reseña es un ejemplo de lenguaje de barricada malgastado, sustancialmente berreta; también soberbio y canchero y, lo que más irrita, superado (el crítico literario que reseña ya parece haber superado, al menos, a heidegger, a toda problemática de la técnica (“video, tele, computadora”]) y a toda la discusión sobre la violencia guerrillera de los ‘70 en el seno de la izquierda local. Pero todo parece ser “simple” también aquí: radical bloggers, straight-edge, evo morales y clase explotada. En fin, quería escribir porque lo leí y me irritó un poco el ninguneo por parte de un ultraizquierdismo populista flogger cocalero y trosko. Saludos cordiales.

  2. 2 martín

    che selci, hay que tener estómago para invocar a “la clase explotada”, sea lo que ésta sea, en una revista que tiene a Ricardo Darin en la tapa. por lo demás, resulta llamativa la pereza con la que lees, al menos este libro, y el modo en el que zanjás los problemas a los que justamente los escritos de Del Barco intentan dotar de densidad.

  3. 3 Damián Selci

    Mi hipótesis de lectura es muy sencilla: si Oscar del Barco, reconociéndose dentro de la izquierda, niega todos los caminos para la política de izquierda (ya que no se puede confiar en el Partido, ya que el no se puede usar el Estado, ya que el Sistema interioriza y anula a los movimientos sociales, ya que la Técnica “es” dominación, ya que la Ciencia es mala y no piensa, ya que las utopías terminan en Auschwitz, etc et etc), ¿qué propone a cambio? Respuesta: el escape místico, extensamente promovido en la segunda mitad del libro. Si me equivoco, argumenten en contrario, lo demás son adjetivos. Me remito al artículo central “Observaciones sobre la crisis de la política”. En una larga nota al pie, del Barco define al Sistema como “algo enorme, fuera de toda medida, increíble”, y al Antisistema como “algo imposible de definir y decir”. Claro que lo dice de varias formas distintas, entre ellas “Nada más extraño a mi pensamiento que tratar de definir al Sistema”, mientras que el Antisistema “es un imposible-de-decir”, “es lo que transita por debajo”, “pura dimensión de lo humano en la intimidad de lo absoluto” y otras diez perífrasis banales que no aportan nada salvo un barullo tautológico. Si a ustedes esta oposición entre dos cosas indefinidas les parece densa y filosófica, perfecto, pero no compartimos gustos.

    (Una cosa más. Menciono a la clase explotada porque del Barco “piensa a partir de Marx”, o eso dice, durante la mitad del libro. Menciono las potencialidades contrainformativas de internet porque del Barco piensa que las computadoras alienan al hombre. Menciono a Evo Morales porque del Barco se la pasa hablando de la crisis terminal de la izquierda: bueno, tan terminal no era. Saludos.)

  4. 4 Ezekiel 25:17

    Me da la impresión de que el problema de la hipótesis de lectura de Selci es justamente el ser demasiado sencilla. Y no porque no le otorgue densidad mediante el uso de tautologías banales, sino porque practicamente parece desconocer los últimos 100 años de experiencia histórica y el destino que esos proyectos de izquierda que tanto lo deslumbran tuvieron en esos años. Claro que el libro de Oscar del Barco deja muchas incongnitas por pensar, sobre todo de cara al contexto político-tecnológico contemporaneo (y desde mi punto de vista la salida mísitica que efectivamente del barco propone en la segunda parte del libro no debería agotar las modalidades de las Antisistema: incluso la indefinición que para el mismo del Barco caracteriza las prácticas revolucionarias, minoritarias o trans-metafísicas en la primera parte del libro no limitaría sus formas a la ingesta de alucinojenos o la contemplación extática) pero me parece que el problema del artículo de Selci es que clausura toda incongnita al abordarlas desde un neo-populismo más banal que cualquier perífrasis delbarquiana. Su patética referencia final a las “clases explotadas” (referencia que justifica en el hecho de que del Barco piensa “desde Marx”, como si pensar desde Marx significase necesariamente interpretar la realidad con categorías del siglo XIX sin necesidad de al menos aggiornarlas, complejizarlas) y la ingenuidad con la que celebra las pretendidas potencias revolucionarias de internet y del gobierno de evo me parece que son una buena muestra de los límites este pensamiento… que en el caso de Selci para peor sospecho que son sólo expresión del mismo gesto kisch y “escandaloso”, de ese divismo precoz, con el que hace tiempo viene intentando posicionarse en el star-sistem de las crítica cultural y que ya le valió el apodo de Lady Troska.

  5. 5 Gabriel Livov

    Hola! No veo que sea Oscar del Barco quien niegue todos los caminos para una política de la emancipación en el sentido clásico, sino que dichos caminos están negados en la cosa misma. Por supuesto que sigue habiendo militantes de partidos que se reconocen como marxistas, pero eso no anula la crisis irreversible del Partido de Izquierda en tanto forma política. Por supuesto que sigue habiendo Estados, pero con citar a Evo Morales, a Chávez o a CFK no alcanza para contrarrestar la tesis contemporánea de la agonía terminal del Estado moderno (la esencia del revival del Estado en estas experiencias latinoamericanas −ya sea que las llamemos “socialismos del siglo XXI” como “neopopulismos”− no logra ocultar el hecho de que la acción estatal se reduce a una operación retardataria constantemente acechada y cada vez menos decisiva sobre el sentido general de los procesos transnacionales, de los cuales el territorio nacional es mero teatro de operaciones). Por supuesto que siguen existiendo Médicos Sin Fronteras, Amnisía Internacional, Movimiento de los Sin Tierra, pueblos originarios, piqueteros y demás, pero ello no quita que los movimientos sociales nunca pudieron ser los sujetos políticos enérgicos que soñó el posmarxismo laclauniano, capaces de dotar de sentido el campo de lo pospolítico sin resultar refuncionalizados por la sociedad de control multiétnica y multicultural; por supuesto que la vida actual no es concebible sin gadgets técnicos (electrodomesticos, computadoras, telefonos celulares, la World Wide Web) y claro que existen sujetos que se sirven de la técnica con las mejores intenciones transformadoras, pero ello no niega que la Técnica como proceso sea inseparable de la constitución a escala global de grandes bolsones de postmiseria y neoesclavitud; lo central aquí es que no hay sujetos colectivos fuertes que puedan decidir sobre la técnica en cuanto sistema, en cuanto forma-de-época (eso quiere decir Técnica con mayúscula, no como dice la reseña: “video celu internet”) (qué es negativo y qué es positivo en la Técnica por fuera de la tiranía de los valores, y sobre todo: ¿quién lo decide?)].
    Ante el derrumbe efectivo de las entidades que tradicionalmente se llamaron “izquierda”, “clase explotada”, “socialismo nacional”, “acción revolucionaria”, “violencia proletaria”, la navaja teórica de ODB pretende inscribirse en la crisis real de la política emancipatoria tradicional, y para impugnar eficazmente un diagnóstico de tan vasto alcance no basta con señalar contraejemplos coyunturales de hoy (cuyo sentido, en el nivel de profundidad en el que se mueve ODB, tampoco nadie está en condiciones de decidir).
    Entiendo estos textos como apuntando a tendencias profundas, intentando apresar una mutación antropológica de amplia escala, que conoce otros ritmos, otros plazos y otras temporalidades que los que cristalizan en periódicos o en blogs. Uno puede ir a las marchas de Facebook-678, pero ello no anula la crisis general de la lógica de la soberania estatal, nuevamente, el hecho de que no es posible individualizar el “quién decide” sobre la inmensa presión de los flujos de capital y de las corporaciones telematicas. ODB traza líneas gruesas, señala tendencias que trabajan silenciosamente al interior de la composición social, y es cierto que puede llegar a compactar las cosas y a exagerar para los dos lados, tanto por el lado de la crisis total de lo politico como por el de la imposibilidad total de la acción y la disolución absoluta del sujeto. Pero son tonos, cuestiones de crítica de gustos. Lo importante es que convoca a definir un panorama dentro del cual nos convendría pensarnos como atravesados, y no ajenos, inmaculados, como para poder examinar mejor nuestras posibilidades. Uno puede leer maliciosamente y entenderlo como un mandamiento de inmovilización total: “no harás nada”. Pero, con buena voluntad, también puede pensarse a partir de aquí que hay que dejar de lado la ilusión del activismo de cuño setentista, no anhelar ya la inversión totalizante revolucionaria pensada como oposición simple y frontal (funcional a una visión del mundo en términos dialécticos, es decir, arcaica), no anhelarla simplemente porque ya no es posible. Ante la caída de la relación dialéctica clásica entre capital y trabajo, ante la subsunción hiperreal, se trata de concebir nuevas exigencias para la acción política, que para no ser tan facilmente neutralizada debe volverse puntual, debe proceder de manera virosica, por contagio, intersticialmente (lo cual podría llegar a incluir los devenires izquierdistas de la web que se citan en la reseña como claves de refutación contra ODB).
    Sobre el problema de la propuesta. En principio, se trata de una pregunta apresurada, ansiosa. Pedirle propuestas concretas a una filosofía que hunde trágicamente el bisturí sobre la crisis epocal de toda propuesta emancipatoria efectiva y de todo sujeto fuerte es dotarse de categorías que impiden dejarse atravesar por la problemática que el libro aporta y que roza el espesor histórico de los tiempos actuales (nos “guste” o no). Pero aun así es claro que hay dimensión de apuesta en la pluma de ODB; el Anti-sistema, lo post-humano (delirado en la reseña en términos de “LSD y mutismo zen”, reducido luego a “escapismo”) alumbra antes la ilusión (fecunda) de poder realizar formas de vida más allá del régimen de valor de cambio; y evitando sobreinterpretar algunos textos donde prevalecen los tonos oscuros y pesimistas finiseculares de ODB, no creo que se hallen excluidas de este horizonte posibles formas de organización colectiva legítimas y efectivas; es claro que no serán partidos ni Estados, todo lo demás no está nada claro, pero me repito: no sólo en Del Barco sino en la cosa misma. Lo del “balbuceo tautológico” es cuestion de gustos, también: yo prefiero hablar de “prosa filosófico-política problemática de alto vuelo”.

  6. 6 paulap

    Me resulta interesante aunque muy dificil de leer y necesario de releer este debate. Me deja una sensación, de que hay una gran grieta que divide (los gustos, el mundo): ¿Creo o no creo en que la metafísica o la filosofía son formas de acción (política)?
    De toke, surge una 2da, vaga pero potente (ni en pedo viene de heidegger ni piensa a la alucinación como “camino”, ni siquiera leí a Del Barco!):
    ¿Quién duda de que la experiencia de drogarse es mas real y realizable que la de la emancipación de los explotados?

  7. 7 Damián Selci

    Gabriel, supongo que el eje central no compartido es el siguiente: vos decís que la reaparición del Estado, la izquierda y demás son fenómenos meramente coyunturales que no desmienten la descripción “epocal” de del Barco. Yo pienso, en cambio, que lo excesivamente coyuntural es la descripción de del Barco, porque los hechos lo desmienten. Vos podrás retrucarme que no hay que confundir lo óntico y lo ontológico y yo a mi vez diré que no soy heideggeriano. Sin dudas, hacer una teoría de la historia fulminante y después alegar que la desmentida de los hechos no vale nada es un paraguas común dentro de la filosofía, pero yo no lo uso. Me parece una coartada argumentativa poco atrayente: “del Barco tiene razón aunque la realidad diga lo contrario”.

    Además, tenemos valoraciones diferentes de los hechos. Vos decís que el Estado moderno está viviendo una crisis terminal y yo encuentro que el Estado norteamericano está tan presente y activo como siempre, por ejemplo, inyectando cientos de miles de millones de dólares para salvar a los mercados financieros (otro tanto la UE). Vos decís que los movimientos sociales no pudieron convertirse en sujetos capaces de actuar con fuerza y yo encuentro que Evo Morales aprobó una constitución plurinacional e indigenista, dice cada dos minutos que su gobierno es el de los movimientos sociales y gana elecciones con el 60% de los votos. Vos decís que la Técnica no se confunde con “video, tele, internet” pero eso es precisamente lo que escribe del Barco en la página 97 de su libro (quiero decir que me limité a citarlo). Vos decís que la relación capital-trabajo caducó en términos dialécticos y yo veo recortes salariales en España, huelgas generales en Grecia y pujas salariales en Argentina. Vos le perdonás el trazo grueso a del Barco en razón de la profundidad de su pensamiento, y yo no veo la profundidad de un pensamiento absolutamente fechado en el período comprendido por el Consenso de Washington, que como dijo Gordon Brown (no Chávez) “it´s over”… de hecho, a del Barco solamente le pude descubrir trazos gruesos e ideas vaguísimas, como su espectral oposición entre el Sistema y el Antisistema. Para mí, resumiendo, del Barco es solamente un ensayista más entre los doscientos o trescientos que ante la derrota de los socialismos reales en la 2da mitad del siglo pasado decretaron, de una vez y para siempre, la “crisis terminal” de la izquierda, el Estado, la política, la clase obrera y demás. Y a mí estos doscientos o trescientos ensayistas no me caen para nada bien, porque creo que se limitaron a hacer el trabajo sucio en el terreno de la cultura, diciéndole a todos los jóvenes del mundo que las herramientas que la tradición de izquierda podía proveerle (sindicatos, partidos políticos, etc) eran falaces, anticuadas o suicidas, para dejarles a cambio una ética inmovilizante que ve “neutralización” y “cooptación” en cualquier gesto que apunte a crear lazos colectivos. Por suerte los tiempos cambiaron. Así como vos decís, con toda razón, que no estamos en 1973, yo le diría a del Barco que no estamos en 1990. Bueno, es todo lo que tengo para añadir a la discusión. Nos vemos en la próxima reseña, un saludo.

    • 8 pablo

      Mi intervención va a ser muy pequeña. Considero que la hipotesis de Selci se sostiene en una mala lectura de Del Barco, tendenciosa, si se quiere. Necesita construir un Del Barco nihilista, pasivo y despolitizante. No entiende el cuño marxiano de la “derrota epocal”, y necesita apelar a un cúmulo de certezas fijas (El Partido, El estado, El sindicato, etc) sin precisar que todas esas formas estan viviendo su crisis y hay que repensarlas. El texto Observaciones sobre la crisis de la politica, termina dando la pauta, “politizar el pensamiento sobre la técnica, ponerlo en relaci{on con la crisis de los partidos políticos, y con la cultura de izquierdas,etc”. Es un programa de pensamiento político (incompleto, con sus huecos y debilidades, obvio). Incluso, se olvida que Del Barco sostiene que “hay que luchar hasta en los excrementos” (Estado y Poder), lo cual “no cierra todos los caminos de la politica” (Selci) sino que invita a pensar nuevas posibilidades de acción politica, incluso a revisar la politicidad misma del concepto de acción(praxis transmetafisica). Por último: Selci, tu reseña es snob. El excesivo protagonismo que estas teniendo se lo debes a ese del Barco que ninguneás y al que malinterpretás con una lectura de superficie. Si seguis así, vas a ser critico marxista de la revista Para Tí. No canchere{es mas, porque hay gente que sigue vivendo lo político con el espesor trágico y el gesto sacrificial que demanda. Recordá , via Marx y Luckács, que “las categorías son determinaciones de existencia” y que lo q

  8. 9 pablo

    (continua) que está en juego es una forma de vida.

  9. 10 maiakovski

    Pablo, una duda. ¿Cuál fue exactamente el papel que cumplió el menor pensador marxista argentino que siempre fue Del Barco en el “excesivo protagonismo” (¿quién mide los excesos de los protagonistas, sino los extras?) que según vos está teniendo Selci? Por último, me resulta tan confuso y jergoso como la prosa de Del Barco este enunciado tuyo: pensar “la politicidad misma del concepto de acción(praxis transmetafisica)”. ¿podrías desplegarlo en castellano corriente?

  10. 11 pablo

    querida maia, me siento tan protagonista de esto como cualquiera, desde el momento en que intervengo en un debate con una posición y un argumento. Lo de extra está de más. Porque es más grave aún ¿Quien establece el límite entre el afuera y el adentro?. ¿Vos?. En fin…En {ultima instancia, del Barco -es cierto lo que decis pero no como lo calibrás- es un pensador menor, con momentos de jerga ininteligible (también Hector Murena fue considerado en estos términos), pero que hace de eso un drama linguistico accesible al corazón y no solo al intelecto. No hay comprensión filosofica sin una lectura de afectos. O como dijo Aldo Pellegrini: La poesía es una puerta cerrada a los imbeciles. Sin escapar a lo estrictamente conceptual, te remito al articulo de Levinas “Humanismo y Anarquía” para entender la crisis de la noción de acción política. Y cuando se habla de crisis no se habla de defección o retiro de la acción, sino de repensar el criterio de lo que es político y no lo es. Del Barco hizo suya la trampa de pensar en esta linea. a propósito salio una reseña interesante de tatián en la no tan interesante revista Ñ, que puede apoyar esto que digo.
    Te quiero muchisimo
    Pablo

  11. 12 maiakovski

    Pablo, te sentís protagonista, pero no excesivamente protagonista, cosa que sí le echás en cara a Selci. No me contestás la pregunta específica, quiero suponer, porque esa frase fue de tu parte un exceso de afección. Yendo a lo central: no he tendio el gusto ni el tiempo ni la disposición de leer ese ensayo de Levinas. De todos modos, traerlo a colación a propósito de un libro menor de un pensador menor es sólo un recurso a la autoridad: una falacia lógica, que mueve al corazón pero no guía rectamente al intelecto. Pero decís algo interesante con respecto al drama filosófico que “llega al corazón y no sólo al intelecto”. Yo corregiría levemente la frase: un drama filosófico llega al corazón y al intelecto. El problema de Del Barco es que, a mí paricularmente, no me llega ni al corazón ni al intelecto, así que soy insensible a su drama filosófico, cosa que no me pasa con varios filósofos ajenos al marxismo de cuño leninista al que adscribe Selci, como Nietzche, Shopenhauer y Kierkegaard, que sí me conmueven y me hacen pensar. Soy tan insensible al patetismo del drama filosófico de Del Barco que ni siquiera lo considero un filósofo, ni sistemático, ni asistemático, ni idealista, ni materialista, ni ético, ni óntico, ni ontológico, ni moderno, ni posmoderno, ni humanista, ni poshumanista. Coincido con el juicio de Selci: es uno más entre cientos de ensayistas de multitud de naciones centrales y periféricas que hace, más o menos, con mejor o peor estilo y más o menos elegancia expositiva, fraseología ideológica que conmueve al corazón, como puede conmoverlo cualquier sofista, actor o conductor de noticieros. Yo te quiero todavía más.

  12. 13 Pablo Lovizio

    Alternativas de lo posthumano. Textos reunidos

    Oscar del Barco, Buenos Aires, Caja Negra, 2010, 286 páginas
    (edición al cuidado de Gabriel Livov y Pablo Gallardo)

    Sin peyote:
    ¿la palmera y la música serían ese movimiento único, esa armonía brillante?
    Sí, gritaba mi cuerpo con todas sus fuerzas; sí, sí;
    pero para verlo hay que abrirse, romper el cuerpo,
    disolvernos en la gran ola del mundo
    (Oscar del Barco).

    Probablemente hasta el año 2004 Oscar del Barco (Ciudad de Córdoba, 1928) haya sido un ilustre desconocido para gran parte del mundillo cultural porteño. (La) nobleza obliga la pregunta: ¿qué pasó por aquel entonces? Una carta de O. del B. a la redacción de la revista cordobesa La intemperie, en la cual retomó el mandato bíblico no matarás, desató un debate muy importante acerca de la política y la violencia durante los años sesentas y setentas que de algún modo continua hasta nuestros días. Asimismo, dicho debate implicó a algunos de los intelectuales más destacados de la Universidad de Buenos Aires como León Rozitchner y Eduardo Grüner entre otros. De todos modos, como este espacio no es el más apropiado para desarrollar esta polémica tan extensa, a quienes les interese se les pueden recomendar los dos volúmenes del libro No matar: sobre la responsabilidad editado por el sello editorial de la Universidad Nacional de Córdoba en los años 2007 y 2010 respectivamente.
    Pero antes de la polémica en cuestión, libros como La intemperie sin fin (reeditado por Alción en enero de 2008) o El Otro Marx (reeditado por Milena Caserola en noviembre del mismo año) no eran muy asociados con ensayos filosóficos escritos por O. del B. Solamente permanecía su nombre en el registro cultural de la izquierda argentina como impulsor -junto a José Aricó- de la revista marxista Pasado y Presente, luego de su expulsión del Partido Comunista en 1963. En este sentido, Alternativas de lo posthumano ofrece una interesante selección de escritos políticos, literarios, estéticos, y filosóficos de O. del B. a lo largo de casi cuatro décadas.
    Dada la extensión de los textos y la diversidad de las temáticas abordadas, este comentario se centrará específicamente en los nudos problemáticos que consideramos –arbitrariamente, por supuesto- más relevantes del pensamiento de O. del B., dejando algunos otros para otra oportunidad.
    En primer lugar, A. de lo p. se presenta como un libro fragmentario puesto que el primer apartado temático se centra casi exclusivamente en el sustrato político originario –la muerte del marxismo-leninismo y la dominación técnica en el capitalismo contemporáneo- de la obra del pensador cordobés; mientras que el segundo apartado gira en torno a especulaciones teóricas y experiencias prácticas vinculadas a la poesía, la mística, el consumo de sustancias alucinógenas y el acaecer de la pintura. Sin embargo, a medida que el libro va revelando la conformación de una singular constelación delbarquiana compuesta por diversos puntos teóricos de referencia (Marx, Artaud, Nietzsche, Bataille, Heidegger, Wittgenstein, Blanchot, Derrida, etc.), la rígida fractura temática se disuelve progresivamente hasta alcanzar un profundo carácter unitario en donde se anudan la teología postmetafísica con la política y el pensamiento conceptual con la videncia de los enteógenos.
    En esta línea Del Barco señala que <> (pp. 260-261). Y con respecto a las reiteradas protestas de Nietzsche -<>- debido a la exasperante incomprensión que sufrían sus reflexiones, O. del B. advierte: <> (pp. 195-196).
    Lejos de las rutinas académicas de interpretación y legitimación O. del B. busca entrar en comunidad con cada uno de los filósofos estudiados. Más que pensar desde o a través de, el autor –renuente a la idea burguesa de Autor/Creador- de El abandono de las palabras prefiere pensar con ellos sin la necesidad de erigir un nuevo sistema de pensamiento. Por consiguiente, Del Barco se permite entrecruzarlos desprejuiciadamente sin descuidar la rigurosidad conceptual propia del quehacer filosófico. Como, por ejemplo, cuando se refiere a los proyectos ético-políticos de Marx y de Nietzsche de la siguiente forma: <> (p. 103).
    En segundo lugar, si bien Marx no es el protagonista central en todos los artículos que componen A. de lo p., su presencia espectral no deja de resultar sorprendente. Porque, al igual que en su sugestivo libro sobre el poeta entrerriano Juan L. Ortiz, O. del B. no se priva de deslizar sutiles hipótesis comunistas o complejas críticas sociales marxianas en medio de texturas poéticas, experiencias místicas y revelaciones panteístas. Por supuesto, de Karl Marx también se trata este libro: un Marx otro, que no es lo mismo que decir un Marx alternativo. Un Marx iconoclasta, empecinado por escapar de la clausura marxista de su pensamiento. Según María Pia López el otro Marx que burila Del Barco es <>. En palabras del propio O. del B.: <> (p. 34).
    Si el lenguaje de la mercancía es el lenguaje de la nivelación cuantitativa de toda diferencia cualitativa, entonces la crítica marxiana de la economía política resulta ser como una encarnación del movimiento del no capital real en el terreno teórico. El pensamiento marxiano implica, por tanto, una constatación trágica y a su vez una crítica radical de la pretensión de reducir la vida humana a los designios del valor por parte del Sistema. ¿Qué entiende O. del B. por no capital real? <> (p. 106). El no capital real es la cara negativa del Sistema: los proletarios, los campesinos pobres del planeta, los flujos de emigrantes, los desarraigados, los intelectuales díscolos, los locos y todos los otros rechazados por el logocentrismo de Occidente. En síntesis, Del Barco hace referencia a todas aquellas criaturas del mundo que de alguna forma u otra viven en el desgarramiento absoluto.
    No obstante, el autor de Exceso y donación va todavía más allá de los conocidos postulados marxianos. Ya que, si Nietzsche propone las siguientes preguntas: ¿cómo el cuerpo humano se libera del principio de individuación que lo aprisiona? o ¿cómo puede un cuerpo demasiado humano ser invadido por los <> (p. 147) que lo atraviesan?; en la perspectiva delbarquiana también Marx se plantea interrogantes similares: ¿cómo pueden los seres humanos intencionar un <> (p. 43) de los múltiples pliegues que conforman la piel burguesa de nuestra sociedad y sus distintas personificaciones sociales? o ¿cómo emancipar las potencialidades de los cuerpos que han sido mutilados y reducidos a ser una mera pieza o <> (p. 38) del engranaje de la máquina capitalista? En un caso se trata de trascender tanto la endemoniada elasticidad como la indestructibilidad que aparenta gozar la piel burguesa, puesto que más allá de la división social del trabajo característica de la sociedad capitalista se encuentra la posibilidad histórica –tal vez utópica- del <> (p. 36). En el otro caso la superación del principio de individuación se realiza en la intensidad de la experiencia dionisíaca de todo hombre que se asume como un pasaje y nunca como una meta. Quizá el superhombre o el ultrahombre nietzscheano –lo que debe leerse como un más allá del Hombre entendido como Sujeto sustancial- sea un imposible en tanto manifestación continua, pero también es muy probable que Nietzsche haya recurrido a esta figura conceptual con la finalidad de mantener encendida la potencialidad del caos en el interior de los seres que todavía puedan <>. En este sentido, los itinerarios vitales e intelectuales de Marx y de Nietzsche pretenden despejar el camino de todo aquello que pueda obstruir la aparición de lo <> (p. 37) –trátese del superhombre o del comunismo entendido como reino de la libertad-. ¿A qué tipo de apertura y a qué forma de clausura se refiere cada uno? Ese es el quid de la problemática desarrollada por O. del B. en contigüidad con los dos influyentes pensadores del siglo XIX.
    De cualquier modo, las indagaciones delbarquianas no tienen por propósito exclusivo una comprensión erudita o una exposición novedosa de los filósofos en cuestión. Una vez más O. del B. extrema sus argumentos y actualiza los antiguos aportes de Marx y de Nietzsche con el fin de pensar el funcionamiento de nuestra formación histórica: si es el propio Sistema el que se ha desprendido de los grandes relatos metafísicos que fundaban la idea del <> (p. 104) como Sujeto constituyente, como fuente de toda acción y creación; por consiguiente, el postgramsciano cordobés llama cautelosamente a no confundir la desaparición del sujeto-hombre, propiciada por el conjunto de los <> (p. 94) del Gran Autómata, con la superación del hombre esbozada por las filosofías negativas. Recordando, como es sabido, que las críticas de Marx y de Nietzsche apuntan a una trascendencia del sujeto y no a su aniquilación mediante el crecimiento de la alienación. En este punto el título del libro cobra pleno sentido: <> (p. 112).
    A partir de la lectura de A. de lo p., contundentemente se puede afirmar -sin necesidad de comprobación- que la barbarie ha triunfado o que los dioses nos han abandonado -y ya no podrán salvarnos- o que la esperanza en la Revolución sólo es un sueño monstruoso de la Razón o que la opacidad es total. Tal vez así sea… Pero al mismo tiempo, O. del B. expresa una insistencia poética respecto de la necesaria salvación: <> (Hölderlin).
    Para finalizar, merece una mención especial –mas no será un desarrollo profundo por falta de espacio- el ensayo político <> (pp. 57-73) porque seguramente interesará tanto a los lectores como al colectivo de trabajo de Dialéktica. Este escrito data de 1980 cuando O. del B. se encontraba exiliado en México desempeñándose como docente e investigador en la Universidad Autónoma de Puebla. A la distancia, llama poderosamente la atención la forma en que, por aquel entonces, Del Barco presentaba la relación de los movimientos sociales con el Estado tomando como punto de apoyo supuestos teóricos y prácticos de fuertes resonancias autónomas. Más allá de los lúcidos análisis acerca del <> (p. 57) existente en los estudios marxistas sobre el problema del Estado, las corrosivas críticas a las concepciones leninistas heredadas en la materia y las referencias explícitas a M. Foucault y G. Deleuze; este artículo despliega una tonalidad afectiva de base que lo coloca sobre la pista de producciones actuales vinculadas a la problemática de la autonomía. Basta leerlo para experimentarlo.
    La conjunción de todos los elementos antes mencionados hacen de A. de lo p., como ya lo sugirió María del Carmen Rodríguez, un exquisito libro de ensayos. Eso es todo. Adiós.

    Pablo S. Lovizio.


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