Martín Prieto / Los temas de peso

18May10

Autor de una importante y actual historia de la literatura argentina publicada hace unos años, en poesía Martín Prieto fue el principal promotor de la escuela objetivista argentina. El núcleo de esta escuela era rosarino y constaba de Daniel G. Helder, Oscar Taborda, el mismo Prieto y Rafael Bielsa –algo mayor que los anteriores, todos nacidos entre 1959 y 1963– con el porteño Daniel Samoilovich, director del Diario de Poesía, como aliado estratégico. El programa estético del objetivismo eran la visibilidad, la claridad y la precisión. Con esas tres banderas y dos frases de Borges y William Carlos Williams en realidad divergentes, pero que la astucia retórica de estos jóvenes de los ochenta hizo resonar juntas –“directa transmisión de ideas, no de palabras”, según Helder, y “no ideas salvo en las cosas”– el objetivismo libró una polémica a favor de una poesía argentina, no latinoamericana; concreta, no abstracta; concisa, no desbordante; grave, no ligera; heterosexual, no gay. En la otra vereda, el neorromanticismo nucleado en la revista aperiódica Último reino, con su lectura ahistórica del romanticismo alemán, y el neobarroco, especialmente Néstor Perlongher. Si como poetas los objetivistas se tomaron suficientes libertades con sus propios preceptos, Prieto siempre fue el más programático y legalista. Sin embargo, intentó poner algo de carne sobre el esqueleto del programa mediante procedimientos como los leves hipérbaton, las disonancias léxicas, relentes modernistas y una tendencia a la narratividad lineal más marcada que en sus compañeros.

Los temas de peso está dividido en cuatro secciones. La primera está ocupada por un largo texto, mezcla de prosa didascálica y verso conversacional, en que se muestra la ambición del proyecto de libro: hablar de los afectos enraizados en un tiempo y lugar específico: la contemporaneidad y Rosario. La segunda gira en torno al amor por una única mujer, amor que pasa por todos los estados, desde el coqueteo hasta el matrimonio eludiendo amablemente el éxtasis. La tercera, en general, consta de breves poemas que recurren al recuerdo involuntario: “A.” se refiere, por una razón enigmática autodenominada poética, a “Z.”. La cuarta parte contiene los textos que oscilan entre la elegía asordinada, la narración en verso de un drama familiar de lo más común y la crítica al agrarismo pampeano, esto último con la impronta, algo disparatada en este contexto, de Sergio Raimondi. Las cuatro secciones no arman un libro contundente. Por más que Prieto exprima su fantasía estructural, la intensidad de los versos es baja. Esto se explica mediante el poema que da título al libro. Un yo autobiográfico, cansado del “enfermante relevamiento de detalles” (el programa objetivista), se interesa por el mundo, es decir, “el amor, la política, la trascendencia, la gloria”. Irónicamente, para conocerlo, recorre la ciudad en colectivo, recogiendo sólo “rumor sordo” y “bruma gris”: “todo se aparecía corrido/de su justa dimensión”. Tácitamente, el poeta opta por esta última, que, como concepto, es el medio tono, la media tinta y el medio pelo: el mundo reducido a convención “natural”. El libro amaga pero no arranca. Desgraciadamente, como los demás libros del autor, éste parece escrito con un miedo atroz a mandarse una cagada. Para tranquilidad de Prieto, a esta altura, nadie pensaría eso de él.

Alejandro Rubio

VOX68 páginas.



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