Jake Arnott / Canciones de sangre

18Jun10

Las biografías de los escritores de novelas policiales son siempre dramáticas y singulares, como si la propia vida convulsionada les hubiera impuesto el tono y el tema de lo que con el tiempo terminarían escribiendo. Jake Arnott no es la excepción. A punto de cumplir cincuenta, sobre Arnott se dice de todo: que dejó la escuela a los dieciséis, que trabajó como intérprete y traductor de sordomudos, que fue asistente en una morgue, modelo vivo, actor de segunda línea, comerciante ocasional. Pero esos tiempos quedaron atrás. Hoy una revista de prestigio lo mencionó dentro de los “100 nombres más influyentes de la comunidad gay británica”, y todo gracias a Delitos a largo plazo, una primera novela perturbadora, que devino miniserie de la BBC en 2004 y se reprodujo en traducciones en todo el mundo, en ese sistema de consagración vertiginoso e instantáneo tan propio de los mercados del primer mundo.

La clave de ese primer libro estaba en Harry Starks, el personaje central sobre el que se reflejaban las mil facetas del relato. Starks era un tipo imposible de catalogar (a un mismo tiempo cínico y sensible, esnob y desinteresado; un asesino romántico), y cristalizaba así el tipo de escritura de Arnott: mestiza, combinada, implacable pero cambiante. Ahora, en Canciones de sangre, algo así como una “continuación” de Delitos a largo plazo, el bueno de Harry Starks no aparece sino en vagas escenas perdidas, pero quizás su fantasma sobrevive e impregna la atmósfera del relato. Por lo pronto, algo de la forma que en Delitos a largo plazo estaba sugerido, acá es una confirmación. Novela policial de rompecabezas, los personajes entran y salen del libro sin descanso, como si el narrador fuese una especie de prestidigitador que se divierte armando y desarmando ese gran mapa de una trama que él solo conoce. En ese sentido, Arnott apela a un recurso fundante del género policial: hacerle creer al lector que se le está dando la información para resolver el caso o el misterio. Un juego mental, un espejismo en el que se cifra la fuerza del género. Por lo demás, los libros de Jake Arnott ya se pueden empezar a leer como un retrato alternativo de la Inglaterra del siglo XX. En Canciones de sangre aparece el Mundial de fútbol de 1966, el final de la década dorada, los rápidos años setenta y la irrupción de Thatcher. Ya dicen que el tercer volumen de la trilogía, Crimenes de película, va a tener como música de fondo los noventa y los acordes del brit pop.

Mauro Libertella

Mondadori. 358 páginas. Traducción de Ignacio Gómez Calvo.



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