Mario Levrero / La novela luminosa

01Jul10

El momento en el que un escritor pobre recibe una beca debe ser un momento de euforia muy similar al que siente el afortunado cuyo número de la lotería es cantado en la pantalla del televisor: brilla repentinamente toda una dimensión que le deparará el tiempo libre en el que podrá escribir tanto lo futuro como lo postergado. Pero por lo pronto, si hemos de hacer caso a lo que Kafka nos dice en sus diarios, el tiempo libre con el que el escritor cuenta no podrá resolver nada, antes bien, no hará otra cosa que amplificar la angustia ante la propia obra y la propia vida demostrando que el dinero y el ocio en sí mismos no constituyen una habitación propia en la que trabajar cómodamente. Es así cómo Mario Levrero, a partir de esta preocupación inicial muy similar –administrar la beca que tal vez le permita acceder a la clave interior de cierta inspiración postergada–, nos relata con La novela luminosa los desencuentros entre la escritura y la vida, entre las confesiones y el deseo de construirse una terapia adecuada para sobrevivir.

Libro que llega justo en el momento en que el lobby editorial está a punto de coronar a Levrero como un autor de culto, este esfuerzo de sinceridad contrasta una vez más con los afanes editoriales que están dispuestos a traicionar la pasión más íntima de un escritor de hipersensibilidad sencilla al querer transformarlo en un objeto de sofisticación literaria. Ya que, donde Levrero no actúa como otra cosa que el divulgador del camino nuclear de cierto tipo de literatura que va de Robert Walser a Leonora Carrington, una campaña destinada a revender rareza amaestrada, donde el macho sensible recibe su update, está dispuesta a traicionar una escritura que en el mejor de los casos intenta no solidificarse en literatura, en la confianza del estilo, sino antes bien disolverse en algo mucho más amplio emparentado con la performance plástica, con el arte conceptual o con una enfermedad que es necesario contraer para seguir viviendo.

Tal vez, entonces, la clave del trabajo de Levrero radique en una de las confesiones con la que nos dice ser un hombre de escasos recursos que recurre a lo que más a mano tiene. Es decir, a una escritura destinada a construir un relato de una experiencia de aceptación, de búsqueda de sabiduría con el tono de un texto de autoayuda existencial. La novela luminosa construye así la perfecta intersección –parte acompañante terapéutico, parte amigo insobornable, parte proveedor de un trozo del mundo de la neurosis y el lenguaje artístico que no atentará contra nuestro bienestar, sino antes bien intentará demostrar su adecuación. Algo muy parecido a lo que ha hecho Vila-Matas con la erudición y los campos de exterminios de la literatura.

Germán Scalona

Mondadori. 576 páginas.

PUBLICADO EN ENERO DE 2008



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