Archive for septiembre, 2010

Tal vez debido a su escasa o nula circulación, tal vez debido a cierta misoginia que cultivan muchos lectores de policiales, la obra de Fred Vargas, quien no casualmente adoptó una firma masculina, careció hasta ahora de todo interés, con alguna ligera excepción, en el ámbito local, aun a pesar de su enorme suceso en […]


El título es un señuelo. Para algunos poetas nacidos en los sesenta, no hay nada más odioso que la elegía y el aura de lo elegíaco como comprensivo de “lo poético”. Para otros, es el abracadabra de una restauración que haría por fin la feria de la poesía sincrónica con su hojarasca. Fiebelkorn convoca los […]


“Por haber probado dos océanos y dos continentes, creo saber lo que debe sentir el planeta: no hay donde ir”, escribió Joseph Brodsky en Canción de cuna en Cape Cod, un poema largo y asfixiante que brota en la tierra baldía de un balneario de los Estados Unidos que se hunde en la noche. Estamos […]


Osos es la tercera ficción de Diego Vecchio, después de una ambiciosa primera novela que pasó casi desapercibida (Historia Calamitatum, de 2000) y el más visible e igualmente ingenioso Microbios (2006), un libro de cuentos “conceptual”. Cada texto suyo juega con los límites y tópicos de un género más o menos marginal. Con la novela […]


No son muchos los ejemplos de teóricos o ensayistas notables, dentro de los márgenes de la literatura argentina, que hayan alumbrado obras de ficción de cierta relevancia. A la ligera, quizá el único caso digno de mencionarse sea el de Ricardo Piglia, pese a lo escaso de su producción (se suele bromear con que Piglia […]


Un desierto para la nación nos plantea un dilema irresuelto de nuestro modo de ser argentinos. Todos sabemos que el desierto es el paisaje más inmediato de nuestra identidad y que los personajes que le dieron forma son parte indeclinable de la serie de íconos que nos agobian como fantasmas: el militar, el gaucho, el […]


Hasta el advenimiento de Internet, y sobre todo hasta la proliferación, algunos años más tarde, de páginas y blogs dedicados a la literatura, el nombre de Juan Emar era, al menos en la Argentina, el santo y seña de una secta de lectores hiperselectos. Un nombre que aparecía de tanto en tanto –siempre con una […]