Álvaro Enrigue / Vidas perpendiculares

06Sep10

Tanto por Hipotermina, La muerte de un instalador y El cementerio de sillas, Álvaro Enrigue podría ser considerado una rara avis en la literatura latinoamericana. No se trata de un vanguardista trasnochado, ni de un virtuoso, sino de un tipo de escritor licencioso que pone en cada frase un cuidado sensorial: un sello distintivo. En el caso de Enrigue, ese sello está en la prosodia, en la ironía bien masticada y, sobre todo, en el despliegue de una inventiva que acompaña a los personajes y, en definitiva, crea circunstancias paradójicas de entretenimiento. Porque pocos escritores con una prosa tan fina saben pasar de la reflexión y las simetrías intelectuales a la narración pura de peripecias. Las historias entrelazas de Vidas perpendiculares dan cuenta de esto: de un escritor que sabe apartarse de los juegos de estilo para custodiar con celo el crecimiento de sus personajes. Las vidas y aventuras intercaladas son varias, de principio a fin duran treinta y cuatro mil años, pero todas están hilvanadas como cuentos en torno a un suceso verdaderamente sibilino: la reencarnación. O en torno a un motivo más extraño todavía: el recuerdo de las sucesivas reencarnaciones. Jerónimo Rodríguez Laera, un niño mexicano nacido en 1936 en el estado de Jalisco, es el cuerpo en el que repercuten estos recuerdos de vidas pasadas. En cada una de estas vidas, que Enrigue trabaja a veces de un modo hilarante, como en el caso del cazamonjes napolitano del siglo diecisiete, o de manera profundamente poética y surrealista como cuando narra el caso de un homo sapiens lúbrico en la era de las cavernas, las conexiones son muchas y los dramas son cíclicos: el personaje parece destinado al parricidio y a vivir pasiones arduas, como hombre o como mujer –una de las encarnaciones más exquisitas es una doncella griega a principios de la Era cristiana. De ese modo, treinta y cuatro mil años de memoria no convergen sino en la misma vida. Mucho más que en Hipotermia, donde las formas breves se expanden imprevisiblemente hacia la novela en un cruce de géneros inédito, en Vidas perpendiculares los tiempos y espacios simultáneos de la narración concitan la idea de que la literatura –y la de Enrigue en particular– es el arte de multiplicar vidas contra el tiempo o, en términos más proustianos, hacia el pasado.

Oliverio Coelho

Anagrama. 240 páginas.

PUBLICADO EN SEPTIEMBRE DE 2008.



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