Alejandro Rubio / La garchofa esmeralda

07Sep10

Cuando un poeta deja atrás determinada edad que podríamos llamar “juventud”, llega la hora de demostrar que las posturas sostenidas no eran sino un preludio extenso hacia una forma más imperativa de radicalidad, menos hormonal. Al terminar de leer la dispar colección que compone el nuevo libro de Alejandro Rubio, lo primero que uno se pregunta es si estamos verdaderamente ante una escritura que busca despojarse de todo vestigio romántico o estamos frente a la pura chicana cínico política; si estamos frente a un rearme poético que se somete al juicio de la prosa o frente a grandilocuentes simplificaciones. ¿Maiacovski, alter ego polemista de Rubio en la blogósfera, no debería haberse llamado Piotr Verjovenski, como aquel oportunista de la tragicómica novela Los Demonios? Sí estamos seguros de que aquí no se trata de la tan relamida prosa poética, umbral ecuménico de las damas y los caballeros sensibles. El tríptico que compone La garchofa esmeralda se articula, primero, como apunte autobiográfico donde los tópicos del género son arrojados hacia el universo de la representación trastocados por el humor sarcástico; segundo, como retrato de una mujer querida, en realidad desigual e irónica definición del amor y la poesía que desemboca, en un tercer y final paso, en una diatriba enmascarada de ensayito de crítica literaria. Qué es lo que lleva a un poeta que nunca ha publicado un libro de prosa a publicar uno o cuál es la diferencia entre la prosa y la poesía, tal vez sean las líneas que mejor fondean en el libro de Rubio. Esto, más el uso de la prosa como una depuración que se detiene justo antes de volver sus proposiciones pequeños discursos herméticos, oraculares, ya que lejos estamos en La garchofa de cualquier pretensión mística, aunque cerca, por momentos, de los juicios literarios hechos con una mueca de rabia autocomplaciente.

Germán Scalona

Mansalva128 páginas.



One Response to “Alejandro Rubio / La garchofa esmeralda”

  1. 1 silvio mattoni

    A mí me gustó mucho el libro de Rubio, y me parece que va hacia otro lado que sus polémicas. Es íntimo, incluso genial por momentos. Aprendamos a ver la exposición del dolor como real.

    silvio mattoni


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