Fermín Rodríguez / Un desierto para la nación

13Sep10

Un desierto para la nación nos plantea un dilema irresuelto de nuestro modo de ser argentinos. Todos sabemos que el desierto es el paisaje más inmediato de nuestra identidad y que los personajes que le dieron forma son parte indeclinable de la serie de íconos que nos agobian como fantasmas: el militar, el gaucho, el indio más allá de la frontera, el científico, el estanciero, el poeta, etcétera… A esa construcción de íconos y paisaje Fermín Rodríguez les hizo una pregunta: ¿cómo llegaron a definir la argentinidad? Y ¿para qué? Sin dudas el cúmulo de respuestas que se han ido apilando a través de los años enrareció el panorama, y el proyecto de Rodríguez no es más que despejar la maraña de cuerpos, que tiene la forma de un malón, para observar el origen.

Antes del “granero del mundo” estaban los militares, y antes, los científicos y antes… la pura imaginación o el delirio que hace de un paisaje un ser vivo. Rodríguez busca la forma primera de todo lo informe, el sentido del caos que se fue organizando, el espacio vacío que debe ser poblado, emancipado y transformado para volverse legible. Y se encuentra con lo contrario: cómo se hizo legible un paisaje, para que se haga posible aprovecharlo y apoderarse de sus riquezas prometidas. Sobre ese proyecto de ver lo inimaginable y calcular lo inconmensurable, está escrito Un desierto… De modo que se trata de la revisión de esos relatos fundacionales de los argentinos (el niño de Guillermo E. Hudson que se queda observando un pájaro, el científico delirante que busca entre los indios la liebre de Lewis Carroll para ponerse a tomar el té entre los mapuches, un médico del alma que busca la racionalidad donde hasta el paisaje delira) para descubrir en ellos algo que es verdad en la vida de los argentinos y que no sabemos bien de qué se trata.

Para que nos armemos un “mapa de situación”, entonces, Rodríguez saca a la literatura de las antinomias clásicas civilización/barbarie o unitarios/ federales, crudos/cocidos (ya sabemos que somos bárbaros, ya sabemos que no somos federales, y ya sabemos que perdimos las elecciones) para dibujarle a las ilusiones nacionales un recorrido completamente distinto y para que ese nuevo mapa nos permita ver en el pasado gris y plúmbeo de la historia argentina, algo nuevo: sus energías. En este nuevo mapa todas las contradicciones son leídas en forma de intensidades que pueden calcularse en una serie de -1 a 1 año luz.

El desierto argentino es menos que cero; un espacio hueco y cóncavo a ser llenado de ideas; sobre ese vacío de -1 se construye un ejército para sostener el único valor innegable: la propiedad privada. Matanza y repoblamiento. Robo y valoración del latifundio. Lo que devela el libro de Rodríguez es un equilibrio imposible sobre un paisaje que a todas luces aparece como cantera de aprovechamiento lingüístico. Antes que Estado o valor de cambio, nuestro desierto fue millones de palabras, debates, refutaciones y poemas. Rodríguez se propuso en este libro buscarle una voz a lo “argentino” que yace entre los yuyales y el cielo de un territorio que no por fértil es menos incomprensible. Y entones leyó escenas en movimiento (de eso se trata el libro, de una serie monstruosa y fascinante de “dioramas móviles” que escapan hacia el oeste) entre los relatos verdaderos que buscan la racionalidad de la pampa, en el siglo XIX y los relatos ficcionales que insisten en encontrarle el punto de irrealidad al mismo paisaje, en el siglo XX.

Surcado por observadores, negociado por su riqueza o metaforizado por los poetas, el desierto argentino nunca fue un territorio pacífico, muy por el contrario, la lisura de su relieve sirvió más para disputas, entreveros y guerras, que para el goce del lugar ameno, de la verde llanura, del poema pastoril. No en vano, el gaucho hizo de su modo de cantar una lid, una justa y una pelea en el cuadrilátero de una pulpería. Y lo que observa Rodríguez es que eso, La Pampa, para nosotros nunca fue “la naturaleza”. Fue latifundio o frontera, fue terreno ganado o campo de batalla, fue paisaje poético o laboratorio de pruebas científicas; pero “naturaleza”, jamás.

Ariel Schettini

Eterna cadencia. 410 páginas.



One Response to “Fermín Rodríguez / Un desierto para la nación”

  1. 1 nickcave

    Ok. Pero si la pampa fue “paisaje poetico” ya quedó allí pegada a todos los temas relacionados con la idealización romántica de la naturaleza. O sea que no habría que ser tan taxativo…


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